Os voy a hablar claro, sin etiquetas tramposas ni palabras que suenan muy bien y no dicen nada. El mundo del jamón está lleno de humo: que si pata negra, que si de pueblo, que si de toda la vida. Y casi nadie os explica lo único que importa de verdad.
Hay dos cosas que deciden qué jamón tenéis delante: qué comió el cerdo y qué raza es. Lo demás es marketing. Cuando entendéis eso, ya no os la cuelan. Y cuando además sabéis leer la brida, compráis con los ojos abiertos.